jueves, 7 de noviembre de 2024

El Reflejo del Ser

"Prosa Filosófica"

Alza tu mirada, y verás que el horizonte no es solo un límite,

es un umbral, un suspiro de lo eterno.

Aquí, donde el viento acaricia tu piel,

y el aire se torna pesado con las promesas olvidadas

de todo lo que no hemos dicho,

de todo lo que nunca nos atreveremos a vivir.


La luz del sol no solo ilumina,

sino que revela las fisuras del alma.

Lo que crees ver, no es lo que es.

Eres una sombra más sobre la tierra,

y aún así, el mundo se abre ante ti,

como un océano de secretos nunca pronunciados.

Cada paso resuena como un eco lejano,

como un grito que busca la eternidad,

y el tiempo,

ah, el tiempo,

se convierte en un monstruo devorador

que devora recuerdos y sueños,

y aún así, sigues adelante,

sin saber si el siguiente paso

será el último.


Camina, y siente cómo la tierra te habla,

te susurra en un lenguaje antiguo,

donde cada roca, cada raíz,

es una voz que ha estado esperando ser escuchada.

Todo lo que tocas tiene una historia,

y cada historia,

aunque efímera,

se entrelaza con la tuya.


Miras el río,

y ves tu reflejo,

pero es solo un reflejo distorsionado,

como si la vida misma jugara a esconderse

entre las ondas del agua.

Y te preguntas,

¿quién soy en este instante?

¿Soy este ser que ve en el reflejo,

o soy la corriente que lo distorsiona?

La respuesta siempre se escapa,

como una estrella fugaz que arde solo un segundo

y se pierde en el abismo de la noche.

Y aún así, sigues mirando,

con la esperanza tonta

de que algún día verás algo más allá del espejo.



La verdad, te dirán algunos, es que todo es luz.

Pero hay sombras que habitan en tu pecho,

sombras que no se disipan con el amanecer,

que crecen y se alimentan de tus dudas,

de tus miedos,

de tus silencios.

¿Quién eres cuando la oscuridad te rodea?

¿Sigues siendo tú,

o te conviertes en algo más,

en algo que no reconoces?


El amor, como un fuego,

es lo que te mantiene vivo,

pero el miedo, como una niebla espesa,

es lo que te frena,

te detiene,

te hace cuestionarlo todo.

El caos y el orden se mezclan en tu ser,

como un océano de emociones que se arremolinan,

que se empujan unos a otros,

sin importar el daño que causen.


Pero lo que nadie te dice,

es que no hay paz sin guerra,

ni luz sin oscuridad.

Eres la síntesis de todo lo que temes y amas,

y en ese torbellino,

en ese remolino eterno,

es donde encuentras tu humanidad.

Y es allí, en el caos,

donde te conviertes en lo que realmente eres:

una llama que arde con la esperanza

de encontrar su propia verdad.


El universo susurra,

como un viejo amante que te llama por tu nombre.

Y sabes que no hay regreso.

Todo lo que has sido,

todo lo que has amado,

todo lo que has perdido,

se convierte en polvo de estrellas.

La muerte no es el final,

es solo una transformación,

un regreso al origen,

a esa fuente primordial

que da forma a todo lo que conocemos.


El río no muere,

solo se funde con el mar,

y el mar,

en su abrazo interminable,

se convierte en cielo.

Y en ese cielo,

la lluvia cae como un llanto silencioso,

como una lágrima del universo

que nunca se seca,

que nunca se detiene.

Es el ciclo eterno,

el ciclo que nos consume y nos da vida

en cada respiración,

en cada paso que damos.


Así, cuando cierras los ojos

y sientes que el fin se acerca,

sabes que no es un adiós,

sino un hasta luego,

un regreso al todo.

Porque en el último suspiro,

cuando el alma se disuelve,

es cuando finalmente entendemos

que nunca fuimos verdaderamente

separados.


Y entonces, en ese último acto de comprensión,

las palabras se disuelven,

como el eco de un grito lejano,

que ya no se escucha,

pero que sigue vibrando

en el vasto silencio del universo.

El poema no es solo un reflejo,

es la danza eterna entre lo que somos

y lo que nunca llegaremos a ser.

Es el amor y la pérdida,

la creación y la destrucción,

la vida y la muerte,

todos bailando juntos en un solo movimiento.

Porque al final, cuando todo se desvanezca,

quedará solo el susurro de lo que fue,

y el sueño eterno

de lo que nunca deja de ser.


En la quietud, en el olvido,

en el reflejo del ser,

ahí, en ese punto,

te encuentras.


Escritor: José Ramón Castro  

Seudónimo: Man Apart  

Nacionalidad: Dominicano

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