jueves, 7 de noviembre de 2024

El Lienzo del Universo

"Poesía Lírica"


En el crisol del universo, donde el silencio danza,

el viento suspira en la tela del tiempo,

un lienzo invisible, pintado con luces caídas,

y en cada estrella se guarda un acorde perdido,

un eco lejano que susurra en las entrañas del alma.

Son las estrellas que cantan su solitaria melodía,

y el vacío, un acorde que estremece los sentidos.


La luna, la amante silente de la noche,

baila sobre las aguas del olvido,

desplegando su vestido de plata,

donde cada movimiento es un suspiro en la piel del espacio.

En sus giros, la quietud se torna en emoción,

y el universo entero la observa, cautivo de su paso.

Cada reflejo es un beso de la oscuridad,

y sus rayos son las palabras calladas

que el viento no osa pronunciar.


Escucha, hay una sinfonía que resuena en las raíces de la tierra,

una música que no es solo vibración,

sino el susurro eterno de los átomos que se entrelazan.

Es un sollozo de las estrellas y un grito de los mares,

un lamento profundo que viaja por las corrientes invisibles

de la luz y la sombra, la creación y la muerte.

Y entre sus notas, las sombras lloran,

las luces brillan,

y todo lo que existe se convierte en un poema

que danza en el umbral de lo inexplicable.


El sol pinta su despedida en los cielos,

y en su descenso, las sombras se tiñen de oro y añil,

mientras la tierra suspira un último aliento

antes de que la noche la envuelva.

Cada paso, cada giro, cada palabra no dicha,

son una pintura que se desdibuja en el lienzo del tiempo.

Nos vemos atrapados en la tela de la vida,

donde cada hilo que tejemos es un suspiro ahogado

y cada abrazo, un intento de retener la eternidad.


Y tú, mi amor, eres el acorde mayor de esta sinfonía,

la chispa que enciende cada rincón del cosmos.

Tus ojos, dos luces en el abismo,

son estrellas fugaces que me arrastran

en la corriente infinita del espacio.

Tus manos, tan suaves como el viento,

son pinceles que pintan los cielos

con los colores que ya no recordaba que existían.

Tu voz, tan profunda como el mar,

es la melodía que nunca se desvanece,

la canción que da sentido a cada latido.


El viento se convierte en danza,

y tu cuerpo es el reflejo de esa danza,

de esos movimientos que escriben poesía en el aire.

Cada giro, cada paso, se funde con las notas del viento,

y el tiempo, atrapado en tu abrazo, se disuelve.

Porque en ti, todo lo que soy y lo que no soy

se encuentra en armonía,

y el universo deja de ser un vacío

para convertirse en un canto.


Pero la música también tiene sus sombras,

y hay momentos en que las notas se rompen

como cristales caídos al suelo.

Es en esos momentos de silencio donde el alma grita,

y en ese vacío se oyen los ecos del dolor.

Porque la vida es una melodía hecha de contrastes,

donde el amor se entrelaza con la pérdida,

donde cada victoria es una sombra de lo que podría haber sido,

y cada lágrima una nota triste que canta el corazón.


Sin embargo, el amor, ese amor que nos consume,

es la cuerda invisible que nos une en este cuadro

que nunca termina de formarse.

Es la fuerza que dibuja los paisajes del alma,

los bordes suaves de la esperanza y los picos agudos del miedo.

Es la sinfonía que nos arrebata y nos cura,

que nos eleva y nos hunde

en la misma medida.


Y así seguimos, atrapados en este baile cósmico,

donde el viento acaricia la piel del tiempo,

y cada estrella, cada galaxia,

se convierte en una pincelada de luz y sombra.

Cada paso en esta danza es una declaración de amor

y cada silencio, un suspiro del universo.

La obra nunca se termina,

y nosotros, al igual que las estrellas,

somos solo ecos de una sinfonía

que sigue resonando

en cada rincón de la existencia.


Escritor: José Ramón Castro  

Seudónimo: Man Apart  

Nacionalidad: Dominicano

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