sábado, 21 de septiembre de 2024

El Legado de la Caída: Los Pecados de la Najash - Las Promesas de la Eternidad

 "Poema Lírico Narrativo" 


En los cielos resplandecía Luzbel,  

Ángel de gloria, en pura luz fiel,  

Mas su orgullo, cual sombra creciente,  

Lo llevó a la ruina, cruelmente imprudente.  

Sus alas doradas alzaban canción,  

Hasta que el eco fue pura traición.

Soberbia, fue el primer estandarte,  

Quiso ser Dios, elevarse, apartarse.  

Pero la caída, como rayo fulgente,  

Lo arrojó de los cielos, vil, descendente.  

Destronado por su gran transgresión,  

Fue lanzado a la tierra en maldición.


En la faz del Edén, entre verde y flor,  

Najash se desliza, con sutil fervor.  

Serpiente antigua, de lengua afilada,  

Sembrando en Eva la duda envenenada.  

"Seréis como dioses," le susurra el mal,  

Y así el pecado entró, fatal.


Primero llegó la Pereza, el letargo en el alma,  

Duerme el espíritu, sin esperanza ni calma.  

Luego la Lujuria, que arde en los cuerpos,  

Encendiendo deseos sin frenos ni pretextos.  

La Gula siguió, con hambre insaciable,  

Arrastrando a la humanidad a un abismo implacable.


Codicia y Avaricia, gemelos de oscuridad,  

Nos lanzan a guerras, sin paz ni piedad.  

El Egoísmo nos aísla, nos separa del todo,  

Somos islas de carne, que el alma despojo.  

La Envidia quema, sin tregua ni razón,  

Y la Ira destruye con su explosión.


Pero aún más sombríos los vicios avanzan,  

Cinco demonios que al alma desgarran:  

Odio, el veneno que todo corrompe,  

Crueldad, que desangra sin compasión ni nombre.  

La Injusticia, que borra el derecho y la ley,  

Corrupción, que infecta y derrumba el buen rey.  

Y la Mentira, disfrazada de verdad,  

Torciendo la senda hacia la oscuridad.


Así, caímos, condenados al mal,  

A la Muerte, el más cruel final.  

Con enfermedades, sufrimos la carne,  

Y el dolor nos consume, cual llama que arde.  

La tristeza nos pesa, como plomo en el pecho,  

La depresión nos arrastra al borde del despecho.


Y en todo este caos, el eco resuena,  

La caída de Luzbel, la serpiente que envenena.  

Hoy la humanidad sufre, encadenada en su error,  

Anhelando el perdón, la redención y el amor

 

En la oscura tormenta del pecado y dolor,  

Surge una promesa, un cielo nuevo y puro,  

Donde el caos, el mal, y el llanto no tienen futuro.  


Vi un cielo nuevo, una tierra renovada,  

Donde la vieja creación ya ha sido superada.  

El mar, que una vez rugió con poder y temor,  

Desapareció en el horizonte, dejando solo resplandor.


La nueva Jerusalén, brillante en su esplendor,  

Descendía del cielo como una novia de amor.  

Ataviada de gloria, preparada para su esposo,  

La ciudad santa, en un destino hermoso.  

Una voz potente, desde el cielo resuena,  

Anunciando que Dios, con su pueblo, se encuentra.


"He aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres,"  

Él morará con ellos, sin distancias ni sombras.  

Ellos serán su pueblo, en paz y unión,  

Y Dios mismo será su única razón.  

Cada lágrima será enjugada, sin más sufrir,  

El llanto, la muerte, el dolor han de partir.


Las primeras cosas pasarán como el viento,  

Y la creación nueva será su fundamento.  

El que estaba en el trono habló con certeza:  

"Yo hago nuevas todas las cosas con mi grandeza."  

"Escribe," dijo el Señor, "estas palabras son verdad,  

Porque son fieles en toda su eternidad."


"Hecho está," declaró el Alfa y el Omega,  

El principio y el fin, quien todo entrega.  

A quien tenga sed, de la fuente de vida beberá,  

Gratuitamente, sin límites, su alma se llenará.  

El que venciere recibirá toda heredad,  

Y Dios será su guía, su eterna paternidad.


Pero aquellos que caen en cobardía y duda,  

Los homicidas, fornicarios, y quienes la verdad eludan,  

Los hechiceros, idólatras, y quienes viven en mentira,  

Hallarán su destino en el fuego que arde sin mira.  

El lago de azufre, la muerte segunda será,  

El final de quienes el mal abrazarán.


Así, el ciclo eterno encuentra su cierre,  

Y la humanidad, del pecado, se libera y se eleve.  

Entre un cielo nuevo y tierra pura en su ser,  

Donde Dios camina, y todo ha de florecer.


Escritor: José Ramón Castro  

Seudónimo: Man Apart  

Nacionalidad: Dominicano

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