"Cuento Narrativo"
En el pequeño reino de Fendoria, un manto de oscuridad había caído sobre el cielo. Las estrellas, que solían brillar con fuerza cada noche, desaparecieron una tras otra, dejando a los habitantes bajo un cielo vacío, sin la guía y el consuelo de su luz titilante. El reino, que alguna vez floreció con esperanza y prosperidad, ahora parecía envuelto en una tristeza permanente. La gente se volvió más sombría, las noches más frías y solitarias.
En medio de este reino de sombras, vivía una niña llamada Damaris. A diferencia de muchos, Damaris no había olvidado el brillo de las estrellas, ni había perdido la esperanza de verlas regresar. Pasaba las noches sentada junto a la ventana de su pequeña casa, mirando el cielo oscuro y recordando las historias que su madre le contaba sobre las estrellas: cómo eran guardianas de los deseos, cómo cuidaban a los soñadores y cómo, en tiempos de necesidad, brindaban guía a aquellos que se atrevían a buscarlas.
Una noche, mientras Damaris observaba la oscuridad profunda, tuvo una idea. Si las estrellas no podían regresar, tal vez ella podría crear unas nuevas. Inspirada por un antiguo libro que su madre le había dejado, lleno de figuras mágicas de origami, decidió hacer estrellas de papel. Las cortó con esmero, dobló cada esquina con precisión, y las decoró con delicados dibujos dorados que brillaban tenuemente bajo la luz de una vela.
Cuando hubo terminado, se quedó mirando su obra: docenas de pequeñas estrellas de papel esparcidas por el suelo de su cuarto. Con un suspiro de satisfacción y una chispa de esperanza, tomó una de las estrellas y, con un gesto decidido, la lanzó hacia el cielo. Para su sorpresa, la estrella no cayó de inmediato como había esperado, sino que flotó por un momento antes de elevarse con suavidad. Entonces, ocurrió algo increíble: la estrella de papel comenzó a brillar, como si hubiera absorbido la luz perdida de las verdaderas estrellas.
Con los ojos llenos de asombro, Damaris siguió lanzando las estrellas al cielo. Cada una de ellas flotaba y comenzaba a iluminarse, llenando la noche de un resplandor cálido y mágico. Pero lo que Damaris no sabía era que con cada estrella que lanzaba, no solo traía luz de vuelta a Fendoria, sino que también abría un portal hacia un mundo antiguo y olvidado.
Esa misma noche, mientras dormía, Damaris fue despertada por una suave melodía que parecía venir desde el cielo. Se levantó y salió al jardín, donde vio un sendero de luz formado por las estrellas de papel. El sendero la conducía hacia el bosque más allá del pueblo. Con el corazón latiendo con fuerza y una curiosidad incontrolable, decidió seguirlo.
A medida que avanzaba por el bosque, las estrellas de papel flotaban a su alrededor, iluminando el camino. Pronto, llegó a un claro en el que había un lago cristalino. En su centro, una figura luminosa emergió del agua: una mujer alta, envuelta en una capa de estrellas, cuyos ojos brillaban con la luz de mil galaxias. "Soy Astralis, Guardiana de las Estrellas," dijo la mujer con una voz suave pero potente. "Tus estrellas de papel han despertado un antiguo poder que dormía desde hace siglos."
Damaris, aunque asombrada, no sintió miedo. "Las estrellas desaparecieron, y solo quería devolver su luz", dijo con sinceridad.
Astralis la miró con una sonrisa triste. "Las estrellas se fueron cuando el mundo olvidó cómo soñar. El reino de Fendoria perdió su conexión con la magia y la esperanza. Pero tú, Damaris, aún recuerdas, aún sueñas. Y por eso, has podido invocar el poder de las estrellas."
La Guardiana explicó que las verdaderas estrellas estaban atrapadas en un reino distante, prisioneras de una entidad oscura conocida como Nocturnis, un ser que se alimentaba de la desesperanza y el olvido. Con cada estrella que desaparecía, Nocturnis se hacía más fuerte, extendiendo su oscuridad por todo el mundo. Sin embargo, las estrellas de papel que Damaris había creado contenían una magia poderosa: la magia del recuerdo, la magia del deseo.
"Si deseas traer de vuelta a las estrellas verdaderas, deberás enfrentarte a Nocturnis", dijo Astralis. "Pero no estarás sola. Las estrellas de papel te guiarán y protegerán en tu viaje."
Con valentía en su corazón, Damaris aceptó la misión. Al amanecer, Astralis le entregó una pequeña esfera luminosa, que contenía la última estrella verdadera. "Esta es la clave para liberar a las demás. Protégela con tu vida."
Así comenzó la gran aventura de Damaris. Con sus estrellas de papel a su lado, se adentró en las tierras sombrías más allá de Fendoria, enfrentando criaturas oscuras y paisajes que parecían estar desprovistos de vida. En cada paso, las estrellas de papel brillaban más intensamente, manteniendo a raya las sombras y guiándola por el camino correcto.
Finalmente, Damaris llegó a la Fortaleza de Nocturnis, una estructura hecha de la propia oscuridad. Al entrar, fue confrontada por la entidad misma, una figura imponente envuelta en un manto de tinieblas. Nocturnis se rió ante la pequeña niña que se atrevía a desafiarlo. "¿Crees que un simple papel puede deshacer mi poder?", preguntó burlonamente.
Pero Damaris no se dejó intimidar. Con una determinación férrea, lanzó al aire todas sus estrellas de papel, que comenzaron a girar alrededor de Nocturnis, formando un torbellino de luz. La oscuridad que rodeaba al ser comenzó a debilitarse, y por primera vez en siglos, Nocturnis mostró una señal de debilidad.
Con la esfera luminosa en sus manos, Damaris pronunció las palabras que Astralis le había enseñado: "Las estrellas pertenecen al cielo, y el cielo pertenece a los soñadores". Al hacerlo, la esfera se rompió y la luz de la estrella se liberó. Esta se expandió rápidamente, envolviendo a Nocturnis en un resplandor cegador.
Cuando la luz se desvaneció, Nocturnis ya no estaba. En su lugar, un cielo estrellado cubría la fortaleza y todo el mundo. Las estrellas habían regresado.
Damaris, exhausta pero triunfante, fue recibida como una heroína en Fendoria. Pero ella sabía que el verdadero poder no estaba en las estrellas, sino en el coraje de recordar, de soñar y de nunca dejar de creer en la luz, incluso en los momentos más oscuros.
Y así, bajo un cielo lleno de estrellas, Damaris continuó creando estrellas de papel, recordando que, a veces, los sueños más grandes comienzan con los gestos más pequeños.
Escritor: José Ramón Castro
Seudónimo: Man Apart
Nacionalidad: Dominicano
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