"Fabula Moralista"
En el corazón de un bosque primigenio, donde los susurros de los árboles escondían antiguos secretos, vivían cinco criaturas únicas: Kiran, un lobo astuto y solitario; Elionor, una elegante cierva de ojos luminosos; Virion, un águila de imponente plumaje dorado; Aelys, una pequeña mariposa de alas iridiscentes; y Korus, una tortuga de caparazón desgastado pero sabio.
Cada uno de ellos vivía su vida en equilibrio, sin interferir demasiado con los otros, pero algo estaba por cambiar en este lugar antiguo.
Una noche de luna llena, el viento trajo consigo una sensación extraña, como si el tiempo mismo se detuviera. Aelys, la mariposa, se agitó inquieta, sintiendo que algo la llamaba. En su vuelo aparentemente inocente, sus delicadas alas agitaron el aire en una forma casi imperceptible. Ese leve batir movió una hoja, que cayó sobre una piedra, haciendo que esta rodara montaña abajo.
Lo que empezó como una simple perturbación desencadenó una serie de eventos que resonarían a través de todo el bosque. La piedra, al rodar, perturbó a Kiran, el lobo, que estaba acechando a su presa, una liebre. Su momento se desvió por un solo segundo, y la liebre escapó. Enfurecido, Kiran decidió buscar otra presa, dirigiendo su atención hacia Elionor, la cierva, que estaba cerca del lago bebiendo agua en la calma de la noche.
Kiran se lanzó tras Elionor, pero en su veloz carrera, sus garras desgarraron una rama, que cayó justo en el camino de Virion, el águila. Virion, desconcertado, perdió su equilibrio en el aire y aterrizó abruptamente en un claro cercano, causando un gran alboroto entre los animales pequeños que allí vivían.
Mientras tanto, Korus, la tortuga, observaba en silencio desde el borde del lago. Con la paciencia de los siglos, entendía las interconexiones del mundo mejor que cualquiera. Sabía que lo que empezó con un suave aleteo terminaría en algo mucho mayor. Pero también sabía que, en este caso, el ciclo debía cerrarse de una manera distinta.
A la mañana siguiente, el bosque parecía haberse envuelto en una atmósfera pesada, como si las criaturas sintieran que algo estaba fuera de lugar. Elionor, exhausta tras haber escapado de Kiran, se acercó al lago para beber de nuevo. Pero esta vez, las aguas, que siempre fueron cristalinas, estaban turbias.
Korus habló por primera vez en años. "Todo lo que hacemos, por pequeño que sea, regresa a nosotros. Este es el eco del bosque. Lo que ocurrió anoche fue solo el inicio de una ola que afectará a todos."
Elionor miró a Korus, confundida. "¿Qué quieres decir?"
"Lo que comenzó con el batir de las alas de una mariposa ahora afecta el equilibrio de todo el bosque. Kiran está hambriento, Virion está herido, y tú, Elionor, estás exhausta. Pero todo esto puede detenerse... si el ciclo de acción y reacción se rompe."
Mientras Korus hablaba, Kiran se acercaba nuevamente, sus ojos fijos en Elionor. Pero antes de que pudiera atacar, Virion descendió de los cielos, en un último intento por corregir lo que había salido mal. Con un rápido batir de alas, distrajo a Kiran lo suficiente como para que Elionor pudiera escapar de nuevo.
Justo en ese momento, Aelys, la mariposa, volvió a aparecer, flotando serenamente en el aire. Sus alas brillaban bajo el sol matutino, y esta vez, su vuelo era más deliberado, como si entendiera la magnitud de lo que había causado la noche anterior.
Korus, sabio como era, observó la escena y habló con voz profunda: "La tercera ley de Newton dice que toda acción tiene una reacción igual y opuesta. Lo que el lobo hizo, lo que el águila sufrió, y lo que la mariposa causó, todo está interconectado. Pero el karma... el karma no es inmediato. Es un ciclo que continúa hasta que se aprende la lección."
En ese momento, algo increíble sucedió. Aelys, la mariposa, se posó sobre el hocico de Kiran. El lobo, sorprendido, se detuvo. Los ojos de las cinco criaturas se encontraron, y por un breve instante, el bosque quedó en silencio, como si el mismo tiempo hubiera dejado de fluir.
Entonces, el lobo retrocedió. No había violencia en sus movimientos, solo una profunda comprensión. Había estado siguiendo un impulso destructivo, pero ahora, al sentir la mariposa en su piel, comprendió la fragilidad de la vida. Virion, aún herido, alzó el vuelo con esfuerzo, pero esta vez no para luchar, sino para volar en paz sobre el bosque. Elionor, ahora segura, bajó la cabeza en agradecimiento.
El eco del bosque se había detenido.
El karma había cerrado su ciclo, y el equilibrio fue restaurado, no por la fuerza, sino por la comprensión de que cada acción, por pequeña que sea, tiene repercusiones profundas. Lo que comienza con un pequeño aleteo puede transformarse en una tormenta, pero también puede traer paz.
Y así, las criaturas del bosque aprendieron que sus vidas no eran independientes unas de otras, sino hilos entrelazados en una vasta red que debía ser cuidada con respeto y sabiduría.
Fin.
Escritor: José Ramón Castro
Seudónimo: Man Apart
Nacionalidad: Dominicano
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